La novia condenada | Cuento de Terror - Daniel Galaxy

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martes, 1 de diciembre de 2020

La novia condenada | Cuento de Terror


Bienvenidos amantes de lo oscuro. No se puede negar que las personas somos desconfiadas por naturaleza. Cuando hay una duda muchas veces tendemos a pensar mal de los demás, incluso aunque sean nuestros seres más cercanos. Esta es la historia de un hombre que desconfió de su gran amor, y eso le trajo terribles consecuencias. Sucedió a principios del siglo pasado cuando las costumbres eran otras, sobre todo para las relaciones sentimentales. Y cuanto más alta fuese la clase social, más restrictivo era todo. Los jóvenes de la nobleza cortejaban educadamente a las damas, siempre con el permiso de su familia. No podían tener citas a solas, era inmoral y enseguida levantaría rumores entre la gente. Debían esperar a estar casados para poder tener su propia intimidad. 

Matilde y Alonso se conocían desde la infancia. Sus familias eran propietarias de grandes tierras de cultivos, y mantenían una amistad de varias generaciones. Cuando los veían jugar de pequeños, en su entorno ya les destinaban un futuro juntos, uniendo las riquezas de ambas casas. Así fue natural que, entre la proximidad y la presión de sus padres, terminasen por hacerse novios y comprometerse. Sin embargo, como en todos los matrimonios concertados ambos tenían sus dudas. Alonso desconfiaba del carácter de Matilde, sentía que no conocía su forma de ser, sólo su fachada exterior. Intentó acercarse a ella y buscar algún momento para estar a solas, pero ella era muy pudorosa y siempre le evitaba. Una noche, poco antes de la boda, a Alonso se le ocurrió la excusa perfecta. Usarían un viejo caserón desocupado de su propiedad para organizar una gran fiesta con todos sus amigos, y celebrar el compromiso. Así lejos de la familia quizá tendría por fin su oportunidad. Pero la noche empezó mal, y durante la cena Matilde se ocupó más de atender a sus invitados que de estar con él. 

Tras esto todos se reunieron en el gran salón principal para buscar alguna diversión. Los jóvenes estaban muy animados, y Matilde propuso inocentemente jugar al escondite. La idea fue un éxito, y eligió a Alonso como el primer encargado de buscar a los demás. Él enseguida entendió su plan, si era capaz de dar con ella podrían estar solos al fin. Los invitados se dispersaron por la casa mientras el novio hizo la cuenta en un rincón y se dispuso a buscarlos. Una a una fue encontrando a todas las personas, que regresaban al salón a seguir divirtiéndose. Pero al llegar la medianoche tras recorrer la casa entera, todos los participantes habían aparecido, menos uno. Matilde no estaba en ningún lado. 

Alonso, preocupado, se dio por vencido y pidió ayuda a los demás para encontrarla. Pusieron el caserón patas arriba, comprobando todos los rincones y esquinas, desde el sótano hasta el ático. Pero fue inútil, nadie encontró a la novia. La búsqueda se extendió a los alrededores, y el temor de Alonso se convirtió en ira cuando la gente empezó a especular con que la novia se había fugado. De pronto todo cobró sentido en su mente. Matilde se había arrepentido de la boda, y aprovechando esa noche lejos de la familia, propuso el juego para poder escapar lejos de él. Le había dejado tirado como un perro, con la humillación general que eso suponía. Al día siguiente, aún sin noticias de la chica, el casamiento fue cancelado, y Alonso no quiso oír hablar de ella nunca más. No sé volvió a saber de Matilde, aunque había quien decía haberla visto huyendo en medio de la noche, en compañía de otro hombre. El joven, despechado, no tardó en volver a comprometerse con otra dama de buena familia, y al cabo de un año se casaron. 

A pesar de las reticencias de Alonso, decidieron ir a vivir al caserón familiar donde sucedió todo. Mientras los sirvientes limpiaban todo y preparaban el hogar para los recién casados, una de las criadas encontró en una de las habitaciones más apartadas, un viejo baúl que parecía llevar años cerrado. Buscó la llave para abrirlo y comprobar qué guardaba, y al levantar la tapa su grito de terror resonó por toda la casa. Todos llegaron corriendo para descubrir horrorizados que dentro del baúl yacía el cuerpo sin vida de una mujer, con las ropas roídas y la carne en descomposición. Por el vestido Alonso supo inmediatamente de quién se trataba, era Matilde. La misma a quién había maldecido aquella fatídica noche, mientras ella estaba encerrada sin poder salir. 

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