La Niñera Leyenda Urbana - Daniel Galaxy

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martes, 1 de diciembre de 2020

La Niñera Leyenda Urbana


Sofía acababa de llegar al pueblo de Haynesville. Se había mudado con su padre hacía unas semanas y necesitaba dinero para sus cosas. Quería ahorrar para comprarse un coche. Decidió buscar trabajo y se acercó al supermercado para preguntar si tenían un puesto para ella. No necesitaban gente, pero vio un anuncio en el tablero que decía que se buscaba niñera para cuidar de tres niños. Había un número de teléfono. Llamó, le contestó la señora Henderson y le dijo que se pasase esa misma tarde. Cogió su bicicleta y pedaleó hasta la casa de los Henderson, que estaba algo aislada, era una casona grande y vieja. El cielo estaba despejado y la temperatura era agradable. su bici junto a un árbol y timbró. Los dos padres la recibieron en la puerta, eran una pareja joven que esa noche tenía una fiesta. Uno de los compañeros de trabajo de la madre se jubilaba y le iban a hacer una gran despedida. El interior estaba decorado con mucho gusto, pero se notaba el paso de los años, las paredes estaban algo descoloridas y los suelos crujían. 

Le dejaron los números de emergencia en la nevera y dinero para que pidiera una pizza. Se tomaron la pizza y vio una película con los niños mientras comían palomitas. Las criaturas eran unos angelitos, se portaron muy bien y sobre las 10 los acostó en sus camas sin que protestaran. Les leyó un cuento y encendió el vigila bebés. Después bajó a ver la televisión. Sofía quería terminar una serie a la que estaba muy enganchada. Solo le quedaban 2 capítulos. Se estaba poniendo cómoda en el sofá cuando sonó el timbre del teléfono. 

Respondió y todo lo que escuchó fue una respiración pesada seguida de una voz de hombre; la voz le preguntó: "¿Has visto cómo están los niños? Asustada, colgó el teléfono, trató de convencerse a sí misma de que debía ser una broma. Algún gracioso que sabía que iba a cuidar a los Henderson esa noche. Revisó el vigila bebés, todo parecía en calma. Volvió a poner su serie, pero unos 15 minutos después, el teléfono volvió a sonar. Cogió el auricular y escuchó una risa histérica desde el otro extremo de la línea. Entonces, la misma voz preguntó: ¿Por qué no has ido a ver cómo están los niños? La niñera tiró el teléfono. Miró por la cámara y todo parecía estar bien. 

Igualmente, la pobre Sofía se asustó un poco y decidió llamar a la policía y después subiría a comprobar. El agente que le respondió le dijo que, si el hombre llamaba nuevamente, debía tratar de mantenerlo hablando. Eso le daría tiempo a la policía para rastrear la llamada. No tenían muchos efectivos esa noche, se había producido un robo y la patrulla tardaría un rato en llegar. Justo cuando estaba a punto de subir las escaleras el teléfono sonó por tercera vez y cuando la niñera contestó, escuchó la respiración pesada de nuevo. 

La voz repitió: "Realmente deberías ira a ver cómo están los niños.” Sofía se quedó escuchando mientras reía histéricamente durante mucho tiempo. Colgó el teléfono de nuevo y casi de inmediato, volvió a sonar. La llamada procedía de la estación de la policía. El agente le gritó. ¡Salga de la casa ahora mismo! ¡Las llamadas vienen del teléfono de arriba! Sofía dejó caer el teléfono en estado de shock, sentía que se iba a desmayar, pero de repente oyó pasos pesados ​​que bajaban las escaleras. Sin detenerse por un segundo, salió corriendo de la casa lo más rápido que pudo. 

Al cerrar la puerta principal detrás de ella, una mano de hombre se estrelló contra el vidrio. Ella gritó y salió corriendo a la calle justo cuando llegó el coche de la policía. La policía registró la casa y en el dormitorio encontraron un hacha ensangrentada tirada en el suelo junto al teléfono de arriba. Se temieron lo peor. Escucharon un ruido procedente del armario. Lo abrieron con cuidado. Eran los niños escondidos, aguantándose el llanto. La ventana trasera estaba abierta y la brisa soplaba a través de la cortina No había ni rastro del loco que había hecho las llamadas telefónicas. Había escapado tan pronto llegó la policía. Sofía y los niños se quedaron abrazados en el sofá mientras llegaban sus padres. Ya los habían avisado y estaban a punto de llegar. Pero, de repente, volvió a sonar el teléfono. 

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