El terror bajo el disfraz de Mickey Mouse | Leyenda Urbana - Daniel Galaxy

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martes, 1 de diciembre de 2020

El terror bajo el disfraz de Mickey Mouse | Leyenda Urbana


Esta aterradora historia sucedió en Disneylandia, el lugar más feliz del mundo, el 24 de noviembre de 2005. Era un día normal con cientos de familias por todo el parque, y los gritos de emoción de los niños resonaban por todos lados, mientras posaban para fotos de la mano de sus personajes favoritos. De repente toda aquella magia se hizo añicos cuando una madre apareció gritando nerviosa entre la multitud, llamando a su pequeño. Su voz pasó rápidamente del miedo a la desesperación, clamando por su nombre una y otra vez. La seguridad del parque apareció para ayudarla, comenzaron la búsqueda y dieron un aviso por la megafonía. Pero no consiguieron encontrar al chico, y nadie pudo dar ninguna pista sobre su paradero. Tan sólo unas horas más tarde, volvió a suceder. El mismo escenario de pánico, los mismos gritos de mujer, esta vez llamando por otro nombre.

Tampoco hubo resultado. Dos chicos desaparecidos el mismo día, había que hacer algo. Se reforzó la seguridad, colocando guardias junto a todas las atracciones. Revisaron los videos de las cámaras de vigilancia, pero no había nada fuera de lo habitual, gente comprando en los puestos y empleados disfrazados de Mickey Mouse caminando con niños. Un guardia informó que un niño había visto a uno de los desaparecidos. Según él se lo llevó Mickey Mouse, iban paseando de la mano, pero el ratón estaba siendo malo con el pequeño. El vigilante pensó que podría haber alguien disfrazado haciéndose pasar por empleado, y le preguntó si sabía qué había sido del pequeño. “Sí, Mickey Mouse se lo comió. A él y al otro chico.” Aunque el guardia sabía que no debía fiarse mucho del niño, quedó impresionado por sus palabras.

Al terminar su ronda fue a la sala de seguridad donde estaban los monitores, y pidió a los encargados que revisaran las imágenes de la desaparición, buscando a Mickey Mouse. Después de un rato por fin dieron con él. Caminaba con el chico desaparecido, que parecía un tanto asustado, hacia la atracción de Tomorrowland. Se metieron por una puerta de mantenimiento y desaparecieron de la vista. El guardia decidió echar un vistazo a aquel lugar antes de volver a casa. Llevaba consigo su radio, para avisar si encontrara algo, y un manojo de llaves maestras. La puerta estaba casi oculta detrás de unos cubos de basura. Tenía el cerrojo echado y pasó un buen rato intentando abrirla. Cuando por fin lo consiguió, vio que conducía a un viejo túnel de mantenimiento. Las luces no funcionaban y no había traído linterna, así que tuvo que caminar a tientas en la oscuridad. De pronto una bocanada de aire putrefacto le dejó sin aliento. El olor era nauseabundo, y se hacía más intenso a medida que avanzaba.

Estuvo a punto de cerrar la puerta para que nadie de afuera lo notase, pero aquel era su único foco de luz para intentar distinguir algo. Sus pasos resonaban en el suelo de cemento, y cuando por fin pudo ajustar la vista, se encontró con una pared frente a él. Miró a la derecha, y al fondo del pasillo pudo distinguir una luz parpadeante, así que caminó hacia ella. Al llegar a ella se dio cuenta que venía del interior de un cuarto, cerrado con una puerta vieja puerta de metal oxidada. Giró el pomo y sorprendentemente esta se abrió sin esfuerzo, haciendo chirriar las bisagras. Esta vez el olor se hizo tan intenso que el guardia tuvo que hacer un esfuerzo para no vomitar. Cuando sus ojos se acostumbraron de nuevo a la luz, echó un vistazo a su alrededor y se quedó horrorizado. El cuarto estaba plagado de chicos tumbados en el suelo, apoyados contra la pared. Entre ellos reconoció a los dos que habían desaparecido ese mismo día. Pero lo más escalofriante fue cuando se fijó en su aspecto y sus rostros, y se dio cuenta de que estaban muertos.

Las paredes y el suelo estaban salpicados de una espesa capa de sangre, y todos tenían una expresión congelada de horror. Algunos tenían unos largos y profundos arañazos en su cuerpo, como provocados por una bestia feroz. De pronto el guardia notó que una figura se movía en una esquina, y el corazón le

dio un vuelco. Había un Mickey Mouse plantado mirándole fijamente, con los ojos muy abiertos. Apenas podía distinguir debajo del disfraz, pero sentía que aquello no era humano. Una de sus manos se alzó, mostrando unas grotescas y afiladas garras, y un chillido ensordecedor surgió de dentro de su cabeza. En cuanto avanzó hacia él, el guardia salió huyendo por el oscuro pasillo, tratando de salvar su vida. Notaba como la criatura le seguía de cerca y podía escuchar sus pesadas zancadas detrás. Corrió como nunca había hecho, hasta llegar afuera, cuando tuvo que pararse para volver a acostumbrar su visión a la brillante luz del sol.


Se dio cuenta de que la criatura ya no le seguía, como si tuviese miedo a la claridad. El guardia inmediatamente cerró la puerta con llave para asegurarse que no pudiese salir, y corrió a alertar al resto de sus compañeros. No supo muy bien cómo explicarles el infierno que se había encontrado, así que simplemente les dijo que había encontrado a los niños desaparecidos, y que todos llevasen sus armas. Un amplio grupo de vigilantes volvió con él al túnel de mantenimiento, esta vez equipados con linternas, y se encontraron con el espectáculo macabro que su compañero no había sido capaz de describir. Además, en el suelo encontraron tirado un disfraz de Mickey Mouse, cubierto de sangre. Y un mensaje escrito con sangre en la pared, que decía “Aún sigo entre vosotros”. El guardia no fue capaz de volver a entrar en el cuarto, y desde la oscuridad del pasillo al mirar atrás creyó distinguir dos pequeños puntos de luz que parpadeaban, como ojos vigilantes, y que desaparecieron a los pocos instantes.

Tras llevarse los cuerpos, el túnel de mantenimiento fue destruido y la puerta enterrada detrás de un muro de hormigón. La atracción de Tomorrowland y el resto del parque fueron revisados de arriba a abajo, pero no se encontró nada. Y el guardia de seguridad finalmente renunció a su trabajo. Poco después el parque volvió a la normalidad, y los niños siguen acercándose emocionados a Mickey Mouse para sacarse fotos con él. Sin saber quién o qué está debajo de ese disfraz. 

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