El pasajero Misterioso | Cuento de Terror - Daniel Galaxy

Breaking

martes, 1 de diciembre de 2020

El pasajero Misterioso | Cuento de Terror


Manuel viajaba solo con su coche por una desolada carretera en medio del bosque. Eran cerca de las siete de la tarde y ya estaba anocheciendo. Hacía rato que no se cruzaba con nadie y el siguiente pueblo estaba a más de dos horas de camino. Empezó a preocuparse por si se quedaba sin gasolina. Además, se levantó una espesa niebla, era peligroso conducir en esas condiciones. Continuó unos kilómetros, esperando encontrar una estación de servicio, pero la carretera seguía igual de solitaria. Además, tras varias horas conduciendo sentía la vejiga llena. No podía más y paró en la orilla. Al terminar se dio cuenta de que frente a él había una extraña roca con inscripciones, que apenas pudo leer en la oscuridad. Mientras intentaba descifrarlas, comenzó a sentirse observado. 

Como si algo se escondiera entre los arbustos. De pronto escuchó unos susurros, una voz lastimera y débil que le dejó helado. Se metió en el coche, cerró los seguros y salió huyendo de allí. Conducía a toda prisa, intentando encontrarle sentido a lo sucedido, y empezó a sentir un intenso frío, a pesar de que el termómetro marcaba una temperatura normal. Lo achacó al susto y pensó en lo bien que le vendría un café. Por suerte unos metros más adelante apareció por fin una estación de servicio, y decidió parar a descansar. Dentro sólo había un dependiente, que se sorprendió por ver a alguien a esas horas. Le sirvió un café y Manuel se sentó a beberlo, aliviado por la compañía. Pero al volver la vista afuera, había una extraña figura junto a su coche. A pesar de la niebla vio que era una persona con la cabeza deformada y una pierna doblada, como si estuviese rota. 

Algo colgaba de su cara y uno de sus ojos le miraba directamente con un brillo aterrador. Asustado, llamó la atención del empleado, pero este no vio nada. Manuel volvió a mirar y efectivamente había desaparecido. El dependiente pensó que estaba algo trastornado y prefirió marcharse al almacén a ordenar, dejándolo solo y nervioso. Manuel se apresuró a sacar unas monedas del bolsillo para pagar e irse cuanto antes. Pero al girarse hacia la puerta, la figura volvió a aparecer, esta vez más cerca. Ahora podía ver su terrorífico y desfigurado rostro. Estaba destrozado por los cortes y magulladuras, y uno de sus ojos colgaba de la cuenca. Se arrastraba lentamente, a punto de entrar, y Manuel reaccionó escondiéndose tras el mostrador. 

Al escuchar la campanilla de la entrada se quedó helado sin saber qué hacer. Pero entonces descubrió una salida frente a él, y sin dudarlo escapó corriendo hacia su coche. Montó en él y pisó el acelerador para salir disparado de allí. Apenas avanzó unos cuantos metros cuando los faros iluminaron frente a él a la misma criatura, mirándole fijamente con su único ojo. Sin tiempo a frenar, lo esquivó como pudo, saliéndose de la carretera y chocando contra un árbol. Con el impacto perdió el conocimiento. Al despertar estaba en una ambulancia camino del hospital, con un enfermero a su lado. 

Este le dijo que había tenido mucha suerte, el empleado de la estación oyó el choque y llegó a tiempo para sacarle del coche antes de que se incendiase. Fue una temeridad conducir tan rápido por un camino tan peligroso. Sin ir más lejos, hacía poco otro hombre había tenido un accidente cerca de allí. Su rostro quedó completamente desfigurado y murió en el acto. Sus familiares dejaron un pequeño memorial para recordarlo en la roca contra la que se estrelló. 

Al oír esto, Manuel recordó la parada que había hecho antes y por fin encontró sentido a todo. Sin querer había profanado el recuerdo de aquel hombre. Desde entonces no volvió a conducir solo, dice que siempre nota una extraña presencia sentada junto a él. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario