El cuadro Asesino | Cuento de Terror - Daniel Galaxy

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domingo, 6 de diciembre de 2020

El cuadro Asesino | Cuento de Terror


Bienvenidos amantes de lo oscuro. La maldad y la locura tienen muchas formas, y nunca se sabe cuál pueden adoptar. No siempre es una persona o criatura, hay veces que podemos vernos amenazados por objetos o edificios enteros. Esta es la historia de una familia que no vio venir este peligro, a pesar de que la tenía delante de su propia vista. Todo comienza con una familia que tuvo que trasladarse a vivir a una nueva ciudad, a causa del nuevo puesto de trabajo del padre. Escogieron para su hogar una antigua casa a las afueras que había sido recientemente remodelada con todos los lujos. 

Llamaba la atención por su hermosa fachada, tenía amplias habitaciones y un cuidado jardín. Aunque conservaba ese aire de vivienda antigua, todo parecía perfecto. Salvo un pequeño detalle, que enseguida hizo sentir incómodos a la mujer y sus hijos. Se trataba de un enorme cuadro que había colgado presidiendo el vestíbulo de entrada. Un retrato de un noble señor, seguramente uno de los antiguos ocupantes de la casa, que miraba con sonrisa burlona y despreciable. En una mano llevaba una escopeta de caza, y la otra la tenía levantada con el puño cerrado. A pesar de la reticencia de su familia, el padre decidió mantener el cuadro donde estaba, porque según él le daba un aire de elegancia al recibidor. Además, estaban inmersos en la mudanza, aún quedaban muchas cosas y muebles por llevar. Ya se ocuparían más adelante de organizar todo y decidir qué se quedaban y qué no. 

Pero a la mañana siguiente sus planes se rompieron por la tragedia. Al despertarse el marido se llevó una terrible sorpresa, su mujer yacía muerta a su lado. Al parecer había sufrido un infarto mientras dormía. Él no se percató y no pudo hacer nada por ayudarla. Sumidos en el shock, la familia enterró a la fallecida y volvieron a la casa, sin darse cuenta de que el hombre del cuadro ahora tenía uno de los dedos del mano extendido. Intentaron superar la tristeza y seguir adelante con la mudanza. Pero días después volvió la desesperación cuando de pronto el pequeño de la familia enfermó gravemente y tuvo que ser hospitalizado. Todo sucedió muy rápido, y a la mañana siguiente el padre regresó derrotado a casa a decirle a sus hijos que su hermano había muerto. Por primera vez se fijó de reojo en el cuadro, no recordaba que en la mano tuviese dos dedos levantados. 

Cuando apenas se habían recuperado, la desgracia siguió cebándose con la familia, y la hija murió ahogada en la bañera tras caer y golpearse la cabeza. En medio de aquel infierno, el padre se fijó nuevamente en el cuadro. Ahora estaba seguro de que había levantado un tercer dedo. No podía creerlo, era algo sobrenatural. Ese ser y aquella casa estaban acabando con ellos, uno por uno. Pero si lo contaba, ¿quién iba a creerle? Desesperado comenzó a darse a la bebida, y le acabaron despidiendo del trabajo. Pronto se quedarían sin dinero y tendrían que abandonar la propiedad. Él y el único hijo que le quedaba se quedarían en la calle sin hogar. 

Pero la casa y el hombre del cuadro no les iban a dejar escapar tan fácilmente. Por el abandono de su padre el chico también comenzó a meterse en problemas, y un día tras cometer un robo, se estrelló con su coche al fugarse, perdiendo la vida. El padre se quedó vacío, roto por dentro. Ya no le quedaba familia alguna ni nada por lo que vivir. Y todo por culpa de aquel maligno hombre del cuadro, que ahora sonreía más que nunca, con una mueca siniestra y los cuatro dedos levantados. Lleno de ira, el padre se hizo con cerillas y un bidón de gasolina, dispuesto a quemar aquel objeto diabólico. Al intentarlo, el fuego se extendió rápidamente por toda la casa, pero el retrato parecía repeler las llamas. Cuando los vecinos descubrieron el incendio llamaron a los bomberos, pero ya era demasiado tarde. El padre había muerto carbonizado. 

Al día siguiente revisaron los escombros de la casa, por si se podía rescatar alguna de las pertenencias de la familia. Absolutamente todo había sido reducido a cenizas. Lo único que encontraron fue un enorme cuadro con el retrato de un antiguo noble preparado para cazar, con la mano derecha levantada y los cinco dedos extendidos. 

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